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Full text of "El Tambor De San Martin Victoriano Montes"

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BU EN OS Al RES 
Librero Editor : Félix Lajouane, Perú 79 y 89 


imprenta y Casa Editora Argos, Cuyo 657 y 663. 



El Tambor de San Martin 


Se engañan los que van á buscar fuentes de 
inspiración en climas lejanos, que persiguen lo 
bello, revolviendo afanosamente libros polvo- 
rosos; como la felicidad, la poesía está á me- 
nudo á nuestra puerta; brilla en todas partes, 
para quien tiene ojos y corazón de poeta. 

A ese pobre gaucho, viejo y enfermo, olvi- 
dado y solo con sus recuerdos, Montes le ha 
visto pasar; y mientras el Tambor de San Mar - 
tín le contaba acaso su historia, el jóven poeta 
con el pincel de Horacio Vernet ó la pluma de 
Béranger, ha trazado con mano diestra y vigo- 
rosa una figura que ha de vivir. 

Solo los protagonistas del drama de la Inde- 
pendencia habían tenido sus cantores; el héroe 
de Montes es más humilde; pero es el fin prin- 
cipal y el triunfo de la poesía descubrir lo bello 
en objetos sencillos y vulgares. 



4 


EL TAMBOR DE SAN MARTIN 


Cada estrofa de El Tambor de San Martin — 
vibrante ó conmovedora, es un cuadro acabado. 
Allí, el grito de los oprimidos que juran ser 
libres ; vedles luego trepar los Andes ; en el 
fondo se destaca la cuesta de Chacabuco, la 
llanura de Maipo; la lucha está empeñada; los 
patriotas deshacen á los veteranos de Bailen, al 
toque del Tambor de San Martin, dominando 
el rumor de la batalla : 


Cuentan que en lo más recio de un combate, 
Jncendia una granada al polvorín!... 

Firme y de pié, su fibra no se abate, 

Y entre montañas de humo, el parche bate, 
Impasible, el Tambor de San Martín! 


Y luego después del triunfo, las rosas del amor 
mezcladas con los laureles de la victoria ; des- 
pués del cuadro de sangre, risueñas pinturas 
de amor. Y' hoy! jcuán distinto 1 jqué senti- 
miento amargo I j qué profunda melancolía res- 
piran estas dos estrofas : 


Enfermo yace el invencible atleta; 
Relegado de un pueblo en el confín ; 

Ya no hay dianas, ni toques de retreta... 
¡Pasó, pasó la juventud . inquieta 
Del ardiente Tambor de San Martin ! 



JUICIOS CRÍTICOS 


5 


Por él, son hombres libres los ilotas... 
¡¡Y lleva un trrj’e de raido brin !! 

Vive en un rancho, y, en lugar de botas, 

Miserables y rústicas ojotas 

Solo lleva el Tambor de San Martin!! 


Como se vé por estas citas, no pertenece á un 
principiante la mano que dibuja con tanta ga- 
llardía El Tambor de San Martin; y la elevación 
moral que realza el cuadro y domina toda la 
composición no es hija de un talento vulgar. 

El Tambor es la digna hermana de otra com- 
posición del mismo autor, en que pinta el sa- 
crificio de Cabral, muriendo por salvar á San 
Martin. En ambas se celebra el heroísmo po- 
pular; en ambas se descubre á un verdadero 
poeta, que ha dado ya otras pruebas de su 
talento, profundamente original, en Mi ahijado 
Mauricio. 

Viendo todos los dias levantar á las nubes 
tantos pretendidos versos, ineptos y ridículos, 
he creído que una voz cariñosa é imparcial, de- 
bía alzarse para felicitar al jóven poeta, que 
sabe hermanar en su robusta inspiración la 
patria y la poesía. 


Félix F. Casemayor. 



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EL TAMBOR DE SAN MARTIN 


Victoriano E. Montes 


(De los Recuerdos Literarios) 


Victoriano E. Montes, publicó en el periódico 
de Méndez su célebre canto El Tambor de San 
Martin. Montes se reveló en él un verdadero 
poeta, ingénuo, popular á la manera de Bé- 
ranger, en sus mejores tiempos; y sus estrofas, 
reproducidas inmediatamente en toda la Repú- 
blica y en el exterior, sirvieron de base para la 
sólida reputación que de entonces le acompaña. 
La profunda originalidad de esa composición, 
la elegancia y sencillez de su estilo, la emoción 
patriótica de que está impregnada, hacen que 
ella se destaque alumbrada por luces propias, 
entre las producciones contemporáneas de 
nuestra literatura. Y estas mismas cualidades 
resaltan en las obras posteriores de Montes, 
que no son numerosas, pero que están fun- 
didas en el mismo molde, y caldeadas por el 
mismo soplo de inspiración americana, íntima 
y propia del autor, que busca siempre temas de 



JUICIOS CRÍTICOS 


7 


nuestra vida, como sucede con Mi Ahijado 
Mauricio y la graciosa canción La tejedora 

DE ÑANDUTÍ. 

Deploro no recordar ni tener á la mano estas 
joyas de nuestras letras. Pero no sucede así 
con El Tambor de San Martin, que está en 
todas las memorias y que tiene vida duradera 
y robusta por la belleza de su .concepción y de 
su estilo. 


Victoriano E. Montes, preparado como pocos 
para el trabajo literario por sus conocimientos 
y por sus admirables dotes personales, está en- 
tregado á labores de, otra índole, consagrado á 
la educación de la juventud, que desgraciada- 
mente no le deja tiempo para cultivar las letras 
como desearían todos los que lo conocen y res- 
petan, por su carácter noble y levantado, que se 
encuentra al nivel de su talento brillante y sóli- 
do al mismo tiempo. 


Martin García Mérou. 




II tambor de San Martin 




jfl ifamlw d* 


(Al señor General D. Bartolomé Mitre 

I 

Con los héroes de todo un continente. 

La muerte ha hecho sacrilego botín! 

Pero aun lucha con ella frente á frente, 

Y cuerpo á cuerpo, en actitud valiente. 

El anciano Tambor de San Martin! 

II 

Los esclavos se arrancan la librea: 

«Termine, gritan, nuestra suerte ruin ; 

Sea Nación independiente, jsea! 

La colonia infeliz...» Y á la pelea 
También corre el Tambor de San Martin! 


12 


EL TAMBOR DES AN MARTIN 


III 

Escala, en son de guerra, las inmobles 
Montañas, un brillante paladin; 

Y se enardecen los campeones nobles 
Al vibrante compás de los redobles 
Que lanzaba el Tambor de San Martin! 

IV 

Allá van los bizarros batallones!... 

Y en Maipo, en Chacabuco y en Junin, 
Destrozan las ibéricas legiones, 

Arrollando artilleros y cañones 

Al toque del Tambor de San Martin! 

V 

Cuentan que, en lo más récio de un combate, 
Incendia una granada al polvorín!... 

Firme y de pié, su fibra no se abate, 

Y entre montañas de humo el parche bate. 
Impasible el Tambor de San Martin! 



VICTORIANO E. MONTES 


*3 


VI 

Joven y hermoso, en Lima y sus afueras 
Lucía su uniforme y su espadín, 

Su airoso porte y bélicas maneras, 
Crugiéndole las botas granaderas 
Al rumboso Tambor de San Martin! 

VII 

jQué tiempos! Qué aventuras! {Cuántas cholas 
De alma angélica y tez de serafín, 

Suspiraban llorosas, mustias, solas. 

Porque oyeron- las dulces mentirolas 
Del galante Tambor de San Martin! 

VIII 

Enfermo yace el invencible atleta. 

Relegado de un pueblo en el confín; 

Ya no hay dianas ni toques de retreta... 

{ Pasó, pasó la juventud inquieta 
Del ardiente Tambor de San Martin! 



*4 


EL TAMBOR DE SAN MARTIN 


IX 

Por él son hombres libres los ilotas... 

Y lleva un traje de raido brinl 

Vive en un rancho y en lugar de botas, 
Miserables y rústicas ojotas. 

Solo lleva el Tambor de San Martin! 

X 

i Pan y ropas y techo al veterano 
Escapado al sacrilego botin! 

¡ Patria de Monteagudo y de Belgrano, 
¡Basta de ingratitud! Tiende tu mano 
Generosa, al Tambor de San Martin! 

XI 

Que se yerguen las sombras inmortales 
De los bravos de Maipo y de Junin, 

Y estrechan, con abrazos fraternales, 
Necochea, Las Heras y Arenales, 

Al ilustre Tambor de San Martin! 



fe tejedora de landuíí 





l8 LA TEJEDORA DE ÑANDUTÍ 


Carlos la adora, y oye en el sueño 
dulces palabras en guaraní, 
y que le llama su amado dueño 
la tejedora de ñandutí. 


Ayer la dijo: — ¡Qué hermosa eres! 
¡Oh, paraguaya, muero por tí! 
Juntos haremos, si tú me quieres, 
muchos tejidos de ñandutí. 


— «Gracias, responde, pues soy dichosa 
en las riberas del Tacuarí, 
donde es amada como una diosa 
la tejedora de ñandutí. 


«Mi novio cuida sus lindas cabras, 
siembra mandioca, planta maní; 
más primorosas son sus palabras 
que mis tejidos de ñandutí. 




VICTORIANO R. MONTES 


»9 


«En su canoa me lleva al lado, 
me dá fragante pwipotí. . . 
jSi lo supieras! le tengo atado 
con suaves lazos de ñandutí. 


«¿Quién es más noble, quién es més rico 
que mi adorado? ¡Feliz de mí!» 

Y coqueteaba con su abanico 
lleno de estrellas de ñandutí 


Cogió, sonriendo, su canastilla 
y, con la gracia del mainumbí, 
siguió su ruta, tierna y sencilla, 
la tejedora de ñandutí. 






^fa di Jandatí 


(di Victoriano E. Montes) 


Graziosa, svélta, pura e modesta 
con aleggiare da mainumbí, 
al braccio porta 1' esigua cesta 
la tessitrice di ñanduíí. 


Ha il roseo labbro del fior Y incanto, 
tiñe é la vita como il pirí... 
chi le resiste, se bella é tanto 
e fa tessuti di ñanduti ? 



¿2 


LA f ÉSSITRICE DI ÑANDUTÍ 


Cario I’ adora e ode nel sonno 
frasi dolcissime in guaraní, 
e che lo noma suo caro donno . 
la tessitrice di ñandutí. 


Ieri le disse: — «como sei bella 
per te il mió core passion sentí! 
se m’ami, insieme farem, donzella, 
molti tessuti di ñandutí .» 


— «Grazie, rispondé, ché sulla riva 
sono felice del Tacuarí, 
dove é sí amata come una diva 
la tessitrice di ñandutí. 


• Le sue caprette segue Y amante, 
mandioca ai solchi dona e maní ; 
ed é ogni detto suo piú elegante 
che i miei tessuti di ñandutí. 



VICTORIANO E. MONTES 


2 3 


Nella canoa mi porta allato, 
mi dá fragranti piripoti... 
se lo sapessi! l’ho giá legato 
con soavi lacci di ñanduti . 


Chi mai piú nobil, piú caro fia 
(fi lui? Felice son io cosí!» 
ed il ventaglio graziosa apria 
pieno di stelle di ñanduti. 


Con un sorrijso col se la cesta, 
e poi col garbo del mainumbí 
seguí il cammino, dolce e modesta 
la tessi trice di ñanduti. 


Giugno del 1892. 


Garlo F. Scotti, 

Tradusse.